Por Eduardo Villalón Rojas
Exconsejero del CMN
El abandono demostrado en estos últimos 4 años por el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), está dejando una huella dolorosa en el Patrimonio. La falta de preocupación con el cumplimiento de la protección patrimonial fue evidente.
En un país como Chile, con un legado histórico y cultural tan vasto, la protección del patrimonio no es solo una cuestión de conservación material, sino de identidad y memoria colectiva. El (CMN), como ente encargado de velar por estos bienes patrimoniales, debería ser el pilar fundamental para garantizar que nuestra historia perdure, declarando Monumentos Nacionales, así como elaborar proyectos para su conservación y restauración en coordinación con todos los entes involucrados, manteniendo una comunicación fluida. Sin embargo, en los últimos 4 años, lamento que esta entidad no haya podido estar a su altura, dejando una huella dolorosa, lo que en definitiva se traduce en una deuda pendiente de 413 monumentos públicos sin restaurar y que fueron vandalizados a partir del 18 de octubre del 2019, de acuerdo con información proporcionada por transparencia.
La falta de dirección, burocracia extrema y la salida de varios expertos en la secretaría técnica, que en su momento brindaron solidez, ideas, propuestas y lo más importante, capacidad de ejecución, han debilitado la organización. Quienes tuvimos la oportunidad de ser consejeros, sabemos que su trabajo era altamente eficiente y comprometido, cuya principal preocupación fue la protección y restauración del patrimonio. Hoy, ese equipo ha sido sustituido por una estructura débil, con escasa capacidad de respuesta frente a los desafíos que enfrenta el país en cuanto a conservación patrimonial y lamentablemente una dirección con un pensamiento omnímodo y con un marcado sesgo ideológico.
Uno de los ejemplos más dolorosos de esta crisis es el caso de la restauración del conjunto escultórico del monumento al general Baquedano que lamentablemente fue víctimas de una despreocupación y burocracia desmesurada, que ha obstaculizado su pronta recuperación y derivó en un traslado solo de la escultura ecuestre durante la noche del lunes 9 y madrugada del 10 de marzo del presente, faltando por restaurar el plinto, los frisos que rememoran las batallas de Chorrillos y Miraflores, la figura del soldado de la Guerra del Pacífico, Gloria y dos placas conmemorativas. En el caso de la tumba del soldado desconocido, también es muy desalentador, ya que nadie de la administración anterior observó que después de los trabajos realizados con motivo del proyecto eje Alameda Providencia, quedó cubierta por una losa de cemento, situación que evidencia intencionalidad o desprolijidad y falta de cuidado hacia un lugar de memoria histórica.
El debate sobre la restauración de monumentos públicos e históricos, no solo tienen un componente técnico, sino lamentablemente también político. En un país que aún enfrenta tensiones en torno a su historia reciente, las decisiones que tome el CMN sobre qué monumentos restaurar o preservar, tienen implicancias profundas. Pero más allá de los debates ideológicos, lo que se espera es una acción clara y decidida para asegurar que los bienes patrimoniales estén protegidos, independientemente de las controversias que puedan surgir.
Es fundamental recuperar su rol de liderazgo en la protección patrimonial. Para ello, se necesita un cambio en la estructura interna, que permita la inclusión de consejeros con el conocimiento y experiencia necesaria (Alta Dirección Pública) y con un compromiso real, fuera de cualquier sesgo ideológico, así como el aumento de penas para todos aquellos que vandalicen los monumentos, lo que debe ser considerado como indicaciones a la propuesta de Ley que se tramita en el congreso. Además, es urgente la simplificación de los procesos burocráticos que, en lugar de garantizar la correcta preservación, terminan obstaculizando la restauración, clave a lo largo del país. Sin embargo y pese a todos los obstáculos que impone el CMN, con un gran esfuerzo y resiliencia los profesionales de la Municipalidad de Providencia han realizado su trabajo de conservación de los monumentos públicos en excelente forma, lo que en esta columna destaco.
Chile no puede seguir permitiendo que su patrimonio se desvanezca bajo la inacción. La historia y la cultura de un pueblo no solo se conserva en los libros, sino también en los monumentos, que son hitos urbanos, que relatan nuestra historia visualmente, nos conectan con el pasado y nos entregan lecciones que deben perdurar. El patrimonio es de todos, sin embargo, tengo fe que el nuevo Subsecretario del Patrimonio recuperará la capacidad de actuar con un profundo respeto por nuestra riqueza cultural.






