📌 Periodismo independiente que sí informa de verdad

[COLUMNA] «Obstetricia en tiempos de baja natalidad»

Doctor Nicolás Fernández

Nicolás Fernández
Gineco Obstetra y Salubrista

La baja natalidad en Chile no solo está reordenando las proyecciones demográficas. También está reordenando, silenciosamente, el corazón mismo de la obstetricia. En un país que durante décadas pensó la maternidad como un evento frecuente, casi esperado, hoy el embarazo se vuelve menos común, más tardío y, en ocasiones, más complejo. Y eso obliga a una conversación incómoda pero urgente: ¿qué tipo de obstetricia vamos a necesitar en los próximos 10 o 20 años?

Lo primero es entender que menos nacimientos no equivale automáticamente a menos trabajo. La obstetricia no son solo los partos; es un campo que acompaña decisiones y trayectorias de vida. Si el primer hijo se posterga, la ventana reproductiva se acorta y aumenta la proporción de embarazos en edades más avanzadas. Con ello crecen comorbilidades, suben las tasas de complicaciones y la demanda por control prenatal se vuelve mayor. En otras palabras: puede haber menos partos, pero más medicina alrededor de cada parto.

En paralelo, baja la tolerancia social al desenlace adverso. Cuando los embarazos son menos, cada pérdida pesa más: emocionalmente, clínicamente y también desde la perspectiva del sistema de salud. Esto vuelve aún más importante la calidad del cuidado, la seguridad del proceso y la continuidad asistencial. La obstetricia del futuro no puede depender de heroicidades individuales ni de turnos extenuantes como norma. Necesita equipos estables, protocolos bien implementados, auditorías con sentido de aprendizaje y una cultura de calidad real.

El cambio demográfico también empuja hacia algunas transformaciones. Si queremos hablar en serio de natalidad y de salud perinatal, la obstetricia debe adelantarse. No basta con llegar cuando el test sale positivo. Habrá que consolidar una medicina reproductiva y preconcepcional más integrada: manejo de enfermedades crónicas, optimización de la salud cardiometabólica, consejería reproductiva basada en evidencia, salud mental, consumo de sustancias y vacunación. Menos retórica sobre planificar, y más accesibilidad concreta para hacerlo posible.

Hay otra consecuencia directa de la postergación del primer hijo: aumenta la subfertilidad y crece la necesidad de evaluación oportuna. En la práctica, eso se traduce en más demanda por orientación clínica y acompañamiento antes del embarazo. Para la obstetricia, esto abre un desafío y una oportunidad: integrar mejor el cuidado preconcepcional, contener la ansiedad legítima que genera el tiempo reproductivo y asegurar que el acceso a diagnóstico y apoyo no dependa del bolsillo ni del lugar donde se vive.

Otro eje inevitable es el de la formación. Con menos nacimientos, algunos centros verán disminuir su volumen clínico, y eso puede tensionar el entrenamiento en destrezas críticas y el manejo de urgencias obstétricas de alta complejidad. La respuesta no es bajar estándares ni improvisar. Es planificar redes docentes-asistenciales, concentrar casuística compleja donde corresponda, usar simulación de alta fidelidad y asegurar exposición a escenarios críticos sin depender del azar. En obstetricia, la práctica salva vidas, pero la práctica debe ser diseñada, no accidental.

Finalmente, está lo humano. La obstetricia en Chile ya viene cargada: presión asistencial, judicialización percibida, burnout, dificultades para retener equipos en regiones, brechas entre sistema público y privado. Con baja natalidad, la tentación será recortar, cerrar, ajustar oferta. Sería un error. Lo correcto es reorientar: fortalecer la atención primaria, asegurar rutas claras de derivación, robustecer cuidados de alto riesgo, integrar salud mental perinatal, modernizar el puerperio como parte real del continuo de cuidado, y profesionalizar la gestión clínica para que el trabajo obstétrico sea sostenible.

La obstetricia del futuro no será más pequeña: será distinta. Menos centrada en el evento y más en el proceso; menos reactiva y más preventiva; menos solitaria y más de equipo; menos desigual y, ojalá, más justa. En un país donde nacerá menos gente, cada nacimiento debiera ocurrir con el mejor cuidado posible. Y eso no se logra con nostalgia por lo que fue, sino con una obstetricia que se atreva a cambiar a tiempo.

Facebook
Twitter
LinkedIn

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

12 + 1 =

Search

Más artículos

1